Nos guste o no, Barack Obama está en boca de todos porque va a pasar esta tarde (hora española) a ser el hombre más poderoso del mundo. Los mass-media de todo el globo están pendientes de su investidura, lo que nos puede dar una referencia de la importancia del asunto.
Es innegable que el hombre, a nivel general, cae bien, muy bien. Es un gran orador que ha sabido convencer al pueblo norteamericano (y de paso al resto de nosotros) que “sÃ, podemos”. Y hoy por hoy, si Estados Unidos está bien, el resto del mundo está algo menos jodido. Hasta ahÃ, casi todo el mundo está de acuerdo, pero hay diferentes formas de pensar a partir de ese punto, tanto antes como después de su victoria en las elecciones:
¿Es bueno votar a un presidente por su raza (o sexo)? ¿Se espera demasiado de este hombre? ¿Podrá terminar con las guerras abiertas y la crisis mundial? ¿Podrá lavar la triste imagen que ha dejado de su paÃs ese sucedáneo de ser humano que es el ya ex-presidente Bush? ¿Cuánto puede tardar la intrincada polÃtica y la voluble sociedad en quemar las buenas intenciones de alguien? ¿Hasta que punto puede pasarle factura/ayudarle su edad, o sus raÃces? ¿SerÃamos capaz en España, modernos nosotros, de votar a alguien de sus mismas caracterÃsticas?
En fin, es cuanto menos curioso observar como un solo personaje puede generar tanta ilusión sin haberse hecho todavÃa cargo de su puesto. Los escépticos todavÃa vamos a dejarle margen para ver cómo se mueve, pero sin duda, todo el planeta está pendiente de este hombre. Y por falta de apoyo inicial no va a ser.